“Cada un@ tiene un centro interior que radica en si mism@” –  Jean Shinoda Bolen

Es paradójico cómo San Valentín es una de las fechas más esperadas por el comercio y, al mismo tiempo, la más impopular para muchos seres humanos. No, pensándolo bien, en realidad no es paradójico: de hecho es bastante natural que repelamos una fecha que trate de “prostituir” la idea de amor que el colectivo nos ha vendido.

El amor “eros”, o el amor romántico, es el tipo de amor que más se nos presenta en películas, canciones, libros e historias en general. Pero no por eso es el más importante, y mucho menos el más necesario. Para quienes no estamos flechad@s por cúpido existe el tipo de amor philia, que es el que sentimos por nuestr@s amig@s y compañer@s de ruta. Y si nos ponemos más generos@s y espirituales, podemos celebrar el tipo amor agape que es el que sentimos por nuestra comunidad y entorno (el famoso somos uno que se glorifica en las comunidades hippie).

Todos esos tipos de amor son interesantes y apasionantes en sí mismos, pero en este post quiero hablarte de un amor al que no se celebra en absoluto. Uno que, de hecho, no tiene nombre en latín porque, al parecer, los antiguos no tenían tantos problemas de autoestima (o, probablemente, no eran conscientes de ellos). Hablemos del amor que somos capaces de sentir por nosotr@s mism@s; el famoso (y últimamente muy comercializado también) AMOR PROPIO.

 

AMOR PROPIO: ¿ES MÍO ESTE AMOR?

El adjetivo “propio” alude a posesión, por lo mismo, creo que este tipo de amor, en español, no está bien nombrado (en inglés se le llama self love que se traduce a “amor por el yo”, y me parece más cercano al significado). Pero, en todo caso, cuando alguien habla de amor propio sabemos a lo que se refiere… o queremos creer que sabemos.

 

EL MITO COMPARTIDO

La verdad sea dicha: el amor propio es el más difícil de sentir, porque si hay algo en esta vida que damos por hecho, es a nosotr@s mism@s. Vivimos con esta consciencia y cuerpo 24/7, nadie nos enseñó a vernos al espejo y decir: ¡Que suerte que todavía estés aquí!

No nos vemos ni sentimos como un regalo, no queremos ser vanidos@s, arrogantes, ni narcisos (¡Dios me libre de que me digan que me creo demasiado!). Nos resistimos a creernos mucho y, sin embargo, sabemos  (porque lo hemos escuchado en infinitas ocasiones) que sin amor propio los otros amores no funcionan.

¿Qué hacemos, entonces? Pues lo que mejor sabemos hacer cuando no tenemos escapatoria a la presión social: fingimos.

Fingimos que esas idas al gimnasio a las 8 a. m. todos los días son pruebas inconfundibles de amor propio; fingimos que esa inmersión total en la dieta keto es una clara señal de que “ya me estoy queriendo más”; fingimos que leemos todos esos libros de espiritualidad “porque amo mi alma”; fingimos compartiendo frases inspiradoras, publicando selfies y tomándole foto a nuestro desayuno. FINGIMOS. 

Y quiero dejar algo en claro: si fingimos, no es porque seamos mentirosos compulsivos. Fingimos porque realmente queremos querernos. Fingimos porque nos morimos de pánico de confrontar la dura y solitaria realidad de que, muchas de esas veces, no nos sentimos ni cerca de experimentar el tan preciado amor propio.

 

MÁS CERCA

¿Cómo se siente o se ve el amor propio, entonces? No creo que exista una respuesta única, la verdad es que cada quien lo experimentará en sus propios tiempos y maneras. Intuyo que si estamos realmente presentes en alguna de esas acciones “fingidas” podemos tener un chispazo de ese amor. Quizás no estamos tan lejos como pensamos. No lo sé. Estoy en esto al igual que tú.

Lo que sí te puedo decir es todo lo que el amor propio NO ES.

¿Estás list@ para reconocerlo?

Amor propio no es tratar de ser “mejor” porque siento que algo me falta y lo tengo que arreglar convirtiéndome en alguien diferente.

Si de algo estoy segura es que el amor propio NOse trata de HACER cosas para “repararme” o “componerme”. A diferencia de lo que nos cuentan, no estoy rot@, y tú tampoco. Si hay algo que hacer por amor propio es celebrar tu existencia regalándote a ti mism@ una   vida extraordinaria. 

Hazlo porque DISFRUTAS la experiencia de crecer, de explorar tu potencial, de probarte a ti mism@ lo que eres capaz de manifestar en este soplo de vida en el que tienes la suerte de estar consciente.

 

EN CONCLUSIÓN

El amor propio no se desarrolla desde la carencia sino desde la absoluta aceptación incondicional. Por eso es que no es tan fácil, y por eso es que, aunque seguiremos fingiendo hasta que lo logremos (porque si vamos a fingir algo ¡que sea el darnos amor!), no podemos olvidar que la razón por la que empezamos este viaje de trabajo interno es porque confiamos en que nos merecemos la felicidad.

Nada menos: FE LI CI DAD

Te lo mereces, me lo merezco, nos lo merecemos. A eso vinimos y no nos vamos a cansar hasta experimentarla cada vez más seguido, cada vez más intensa y cada vez más genuina. 

 

Ahora sí, te dejo algunos recursos relacionados para que puedas despertar a esta experiencia, regalonearte y, luego, ir y compartir esa energía con tus amores eros, philia y ágape. ¡Bendiciones de San Valentín, esencialista!

 

RECURSOS DE SAN VALENTÍN

¿Cómo sentirte merecedor(a) de lo que deseas?

Ritual para elevar el amor propio

La trampa del amor romántico

¿Cómo sanar de una ruptura amorosa?

¿Cómo agradecer para subir tu vibra?

El poder de tus emociones difíciles

¿Cómo generar mejores relaciones?

Hábitos para elevar tu vibra

Venus: Deseo y energía de atracción

No más saboteo (clase)

Generando milagros en mis relaciones (clase)

Sanar tu niñ@ interior (ritual)

 

 

 

 

 

 

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